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El Guadalquivir doblega al urbanismo

El pasado 28 de febrero tuve ocasión de leer, en las páginas de la sección Andalucía del diario El País, un artículo que, con el sugerente título de El Guadalquivir doblega al urbanismo, repasaba las inundaciones acontecidas en ciertas barriadas y urbanizaciones del entorno de Jerez, Palma del Río, Córdoba, que todos hemos visto en televisión, y dibujaba un paralelismo entre tales inundaciones y las viviendas construidas fuera de planeamiento precisamente en dichas parcelas ahora afectadas por el agua. Viviendas, claro, ilegales y que nunca tuvieron que ser construidas.


Destruyendo Haití

Hola a todos, os dejo acá los enlaces a un par de artículos que pueden ayudar a contextualizar la situación de Haití, y repensar, una vez más, el papel y el sentido de la ayuda internacional.

abrazos,

jose

Destruyendo Haití

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=99128

Nuestro papel en el trance haitiano

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=98649

 

Y acá un texto de Galeano:

 

La historia silenciada: Haití

Eduardo Galeano, 4 de abril de 2004

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. (cuando los poderosos no quieren, que se lo digan a Nicaragua y toda latinoamérica)Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.

De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: —¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

—El anterior.

—Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.

Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.

En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.

Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.

En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.

Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

 


Cumbre de Copenhague

Os pego el texto de una entrada que acabo de escribir en mi blog de sostenibilidad urbana. Por cierto, la dirección del blog, por si queréis consultar otras entradas y/o documentos sobre sostenibilidad urbana, es: http://sostenibilidadurbana.wordpress.com/


CUMBRE DE COPENHAGUE:


LLevo días siguiendo con gran interés el desarrollo de la Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que está teniendo lugar en Copenhague. La Cumbre Mundial del Clima, para entendernos. Cada día estoy más preocupado: la Cumbre ha entrado en un fenomenal atasco. Incluso da la impresión de que hay claros e inequívocos retrocesos con respecto a la situación que imperaba al inicio del encuentro. Nadie quiere ceder, y se impone una visión cortoplacista.


El doble reto de la Cumbre es, primero, alcanzar un acuerdo jurídicamente vinculante sobre reducción de emisiones, mucho más allá de meros compromisos políticos, y segundo, que ese acuerdo sea global. En el mundo de hoy, con la magnitud y tremenda complejidad de los formidables retos globales que tenemos ante nosotros, la búsqueda de soluciones requiere de la cooperación y la participación de todos, no uno ni dos ni tres, ni siquiera de aquellos actores que sean más importantes. No. Hace falta que todos rememos en la misma dirección. Así de sencillo, así de difícil.


Pero este doble reto tiene varias dificultades ante sí:



  1. El marco de referencia ya no vale: eso de que los países del Anexo I de Kyoto (países industrializados) tienen la obligación legal de reducir las emisiones, y los países del Anexo II (economías emergentes y países en vías de desarrollo) no tienen tal obligación legal, no resuelve satisfactoriamente el problema en el nuevo escenario global. Esta clasificación se hizo hace 12 años, cuando se adoptó Kyoto, y la situación ha cambiado mucho desde entonces: Con tal clasificación, China, India y Brasil entran dentro del Anexo II, y actualmente es innegable su papel de potencias globales, con economías cada día más dinámicas y creciente protagonismo en la escena internacional. Sus emisiones de CO2 aumentan vertiginosamente en paralelo a su desarrollo económico y altas tasas de incremento del PIB. Hoy día, las potencias occidentales no pueden hacer nada en la cuestión del cambio climático (en realidad, en cualquier cuestión, sea de la naturaleza que sea) sin contar con estos tres gigantes.

  2. Se pretende resolver este fenomenal problema global sin poner en cuestión el modelo de desarrollo económico hegemónico en el mundo, sin impugnar la propia noción de sistema económico que se ha consolidado en los últimos 2 siglos. Esto afecta al corazón del propio estatuto de la economía como disciplina científica. Desarrollo económico y deterioro ecológico son las 2 caras de la misma moneda, como bien nos ilustraron Antonio Valero y José Manuel Naredo hace unos años. Es sencillamente absurdo pretender continuar indefinidamente con el ideal de desarrollo y la mitología del crecimiento económico y paralelamente reducir el deterioro ambiental, las emisiones contaminantes y poner coto al cambio climático. Hace falta un cambio de modelo, y también una profunda transformación social y antropológica de nuestra visión del mundo. Las soluciones tecnológicas tipo biocombustibles, aumento de la eficiencia energética o captura de CO2 podrán ser una ayuda en algún territorio concreto y en algún contexto determinado, pero desde luego no son la solución ni la panacea. La solución vendrá del lado social, no del lado tecnológico.

Y todo apunta, tristemente, a que en Copenhague el tono de los debates girará hacia cuestiones tecnológicas, sin plantear, ni siquieza esbozar, la necesidad de un cambio de modelo social, condición necesaria para un cambio de modelo energético. Por otro lado, el tiempo que tenemos por delante para cambiar esta situación se acorta cada día. Parece que a nuestra especie se le da muy mal cambiar por las buenas, poco a poco. No tenemos activados mecanismo de retroalimentación negativa que nos sirvan de frenada, algo común en los sistemas naturales. Por eso llevamos dejando pasar lustros y lustros enredados en discusiones absurdas y sin actuar firme y decididamente. Me subleva la falta de decoro con la que se ha pasado, - en unos pocos años y a pesar de las incuestionables evidencias científicas -, de cuestionar, primero la propia existencia del cambio climático, a cuestionar, una vez asumida tal existencia, que ésta fuera provocada por la acción humana, para finalmente afirmar que es inevitable que suban 2ºC la temperatura media del planeta a finales de siglo. El debate en Copenhague estos días es para tomar medidas desde ahora para estabilizar esta subida media en 2ºC a finales de siglo y que no suba más, pero ya todo el mundo da por hecho que esa subida de 2ºC es inevitable. Estos 2 ºC son la media, pero en muchas zonas de África subirá hasta cerca de 4ºC. Como dice el refranero, al final pagarán justos por pecadores.


Para finalizar, me llegan noticias de que se están reduciendo drásticamente las acreditaciones para acceder al Bella Center a los representantes de la sociedad civil, ONGs, observadores, colectivos profesionales, etc., debido a la falta de espacio y a razones de seguridad. El recinto ha sido acordonado y los políticos aislados de la presión social. El aliento de la sociedad civil ya no llega igual al interior del reciento, y esto sin duda es una dificultad añadida, ya que relaja la percepción que tienen los políticos de la gravedad del problema y de las ansias que tienen sus electores de que trabajen firmemente para alcanzar un acuerdo vinculante que, aunque no sea la solución definitiva, si constituya un primer paso muy importante en la correcta dirección de reducción de emisiones, transición a un modelo energético basado en renovables y una economía baja en carbono.


Un territorio Producvivo: El Aljarafe

 

UN TERRITORIO PRODUCVIVO

De repente nos hayamos analizando un territorio complejo, una parte del área metropolitana de Sevilla con capacidad para formar ella misma otra ciudad, en un marco paisajístico fantástico, con recursos naturales envidiables, grandes infraestructuras, capaz de autogestionarse y .......... autodestruirse, el Aljarafe. Y es que, ¿Quién no ha identificado más de una de estas palabras en algún cartel de promotoras de viviendas ''ctrl+C, ctrl+V'' ?. Desde luego no la palabra autodestruirse, porque si analizamos el hecho en profundidad como ahora vamos a hacer, la realidad es muy distinta, casi caótica, deprimente para algunos, atractiva para otros.

Archivos adjuntos: 

1.5. Paradigmas de investigación en habitat: positivistas, etnográficos, participativos, académicos.

Vicente Manzano, Javier Escalera, Monserrat Rosa, José Torres, Esteban de Manuel.

Descargar FICHA / PRESENTACIÓN

Recojo algunas de las ideas que se vieron en esta sesión el día 4 de Noviembre de 2009. Espero que os animeis a completarlo!

 


Reflexiones e ideas surgidas en la clase y a partir de Jorge Riechmann

En este post os dejo un listado de ideas expuesto la semana pasada en clase, el jueves 12. Pretende ser un listado abierto.

Están ordenadas según las líneas de debate comenzadas en clase. Sostenibilidad, desarrollo sostenible, decrecimiento y aplicación a la acción transformadora de la ciudad.


¿somos demasiados?

Conseguiré por fín compartir con vosotros este articulo de El Pais del dia 6 de noviembre sobre la población del planeta.

Me pareció muy interesante teniendo en cuenta lo presente que ha estado en las charlas estos dias y también porque añade el factor del hambre en el mundo. Tema trascendental, ya que la desigualdades se hacen patentes en ambos extremos, por un lado el exceso de consumo de energias y por otro la pobreza y hambruna que ataca a un sexto de la población mundial.

¿somos demasiados?

¿Podemos hacer algo?


¿de qué hablamos cuando hablamos de política?

Leyendo este artículo publicado esta mañana en El Pais, me ha recordado debates ya tenidos en el aula, en este y en otros cursos. Es necesario remontarse a la etimología de "política" para poder usar esta palabra, debido al despretigio en que ha caído por parte de quiénes se dedican profesionalmente a ella. Porque política seguimos haciendo quiénes no estamos conforme con cómo está organizado el mundo, en general o en particular, utilizando nuevos medios, y reclamando que los ciudadanos recuperemos espacios de participación directa en los asuntos públicos.

Artículo de Francicos Fernández Buey: "Los estudiantes en la escena pública"

 


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