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¡ Hagan sitio, por favor ! La reintroducción de la infancia en la ciudad.

Autor/a: 
Marta Román y Begoña Pernas, gea21

PRESENTACIÓN (Extraída del documento)

¿Recordáis la vieja fábula del pueblo de Hamelín?... aquella historia del flautista misterioso que libraba a una aldea de una terrible plaga de ratones y más tarde, enfadado con los aldeanos por el mísero pago de sus servicios, se vengó dejando el pueblo vacío de niños y niñas, que le siguieron al bosque embrujados con la dulce música de su flauta.

A partir de este cuento podemos hacer un pequeño juego de reflexión, modernizando a los personajes y situándolos en un contexto urbano. Así, también en nuestro cuento moderno hay una plaga que invade las calles, sólo que no es de roedores sino de máquinas peligrosas, ruidosas y contaminantes. Y la impresión es de que llegaron con intención de quedarse indefinidamente porque, en este caso y a diferencia de la fábula, la población no se alarma ni se moviliza para buscar una solución; la mayoría ha aceptado la situación sin rechistar, incluso tan contenta.

Y eso que, en este nuevo cuento, las niñas y los niños también han desaparecido. ¿Dónde están? Aquí no hay flautista ni bosque; son los propios papás y mamás quienes han retirado a los pequeños de las calles para mantenerlos a resguardo en las casas y otros lugares protegidos: las escuelas, los parques infantiles, las actividades extraescolares. Las calles de la ciudad pierden a su infancia y, en ese proceso callado e insidioso, han ido perdiendo seguridad, capacidad de acogida, amabilidad, alegría, vida.

Si el cuento acabara aquí, sería un triste final, pero afortunadamente algo se mueve. Pueden contarse otras historias: las pequeñas rebeliones de personas y grupos, aún minoría, que ayudan a la ciudadanía a mirar con ojos nuevos –y críticos- lo que la costumbre o la resignación ha convertido en aceptable. Nuevas corrientes e ideas que, como una saludable ventolera, sacuden los cimientos -ideológicos, políticos y técnicos- que han permitido construir esas urbes inseguras, antipáticas y vacías de infancia.

Este trabajo que presentamos nos ayuda, como los viejos relatos, a hacer un interesante viaje de descubrimiento que desvela las trampas de nuestro entorno cotidiano; un viaje que sugiere, además, nuevas posibilidades, otros mundos que, si queremos, pueden estar en el nuestro; un viaje al futuro que nos permitevislumbrar ciudades seguras y alegres donde, otra vez, niños y niñas juegan en las calles.

María Sintes. Centro Nacional de Educación Ambiental.

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